jueves, 12 de julio de 2012
la brisa de los sueños
los huertos que vi a mi izquierda me llamaron la atención, y aun mas los dos jóvenes que estaban cultivando en el, seguí observando y vi que no solo estaban ellos dos, habían muchos mas, en cada huerto habían dos o mas jóvenes trabajando, me recordó a muchos de mis veranos en el pueblo, a esos huertos de la veguilla, en esos huertos donde mi abuelo en esos años pasaba su tiempo libre. me metí las manos en los bolsillos y seguí caminando, pese a ser una tarde julio, una brisa fría me acompañaba, yo le agradecía su compañía, sin dejar de caminar me sorprendió el rebuzno de un burro, me pare a contemplar el animal, me miraba, parecía como si el animal supiera que era la música que me faltaba oír para teletrasportarme aun mas, y seguí andando, pero sin darme cuenta había viajado, de repente estaba en los años ochenta, cuando yo no era mas que un mocoso, y empecé a sentir olores, olor a jazmín, olor a cueva, olor a pueblo, y el que mas me gustaba olor a tierra mojada, a la brisa se unió el canto de los pajaros y el sonido de la gravilla a mis pasos, empecé a silbar , no se que canción era, pero entre todos hacíamos una sinfonía perfecta, y mis pasos siguieron amenazantes hasta llegar a pisar el asfalto, los pajaros dejaron de cantar, deje de silbar, y esa brisa decidió irse, el sonido de mis pasos en el asfalto ya no sonaban igual, mire hacia atrás y ya no vi al burro, y en el huerto no había nadie, en vez de huerto solo habían unos pequeños rastrojos descuidados y llenos de hierbas, el sol secuestro a la brisa, y el sudor frió empezó a correr por mi mejilla, al limpiármelo, note mi barba, una barba de un hombre de 39 años, cerré los ojos para intentar volver a mi sueño de los ochenta, pero fue imposible, mi silbido volvió a sonar y un hilo de esperanza volvió a mi, pero era el móvil que estaba sonando, 2012 leí antes de contestar, solo leí eso porque no estaban llamando, la música seguía sonando, entonces desperté, todo había sido un sueño, pero desperté contento, había vuelto allí, y creo sinceramente que si en nuestro día a día, pasáramos mas horas rodeado de la naturaleza y no de tantas maquinas seriamos mucho mas felices, pero yo por mi parte seguiré soñando con ese mundo.
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