sábado, 23 de agosto de 2014

diario de un gilipollas

después de una semana sin sol, ya nada era igual, aquellos duendes que un día le venían a visitar le habían abandonado, las noches eran cada vez mas oscuras, y los días no tenían la luz necesaria para que el viera nada, y en esa oscuridad intentaba seguir viviendo, por las mañanas, se dedicada a contar las rayas que las persianas proyectaban en la pared de su habitación, pero cada día le parecían mas débiles, el sol, su sol se iba desvaneciendo, y toda aquella luz que en su día le ilumino ahora le parecía todo oscuridad, en su celda improvisada aquellos rayos de sol le parecían una hipocresía, eso le dolía, aquellos rayos de sol calentaban a todos por igual e incluso aquellos que sin merecerlo se aprovechaban de su calor, y en su egoísmo no entendía al sol, porque calentar a todos por igual?, porque los que son de hielo tienen al sol, porque los que no saben dar calor lo reciben?, 1, 2, 3 rayas de sol a la mañana siguiente en la pared de su celda todavía improvisada, las volvió a contar como de costumbre, y volvió a marcar otro día en la pared, se acurrucaba al lado de su persiana buscando un poco de calor, no notaba nada, ya no quedaba calor para el, todo el calor se lo llevaban otros sin merecerlo, aun seguía esperando un te quiero, jamas le llegó, y se volvía a dormir sabiendo que a muchos esos te quiero les llegaba de forma gratuita, sin merecerlo, pero que podía esperar de el mismo, estaría equivocado, total solo era un gilipollas.