miércoles, 25 de noviembre de 2015

Un hombre solo

En su armario no había ropa para un día así, el era más de conciertos de rock y por eso el negro era el color más repetido en sus camisetas y pantalones, pero seguro que si buscaba bien algo encontraría para la ocasión, en el altillo recordaba haber lanzado un día una camisa blanca con rayas, que seguro que todavía le iba y con el pantalón negro quedaría bien, sólo le faltaba la corbata, pero seguro pronto conseguiría alguna, tenía que darse prisa a las doce y media le pasaban a buscar, el día anterior le llamaron por telefono del servicio de limusinas para concretar la hora y tenía que ser puntual.
Como un reloj suizo a las doce y media estaba la limusina esperando, salió de casa y un hombre con traje y gorra salió del coche para abrirle la puerta trasera de la limusina, se sentó en los asientos de piel y abrió una pequeña nevera que había detrás, sacó una cerveza y se la bebió, le entraron ganas de beberse otra pero prefirió no hacerlo, en veinte minutos llegaron al restaurante, el chofer le abrió la puerta y salió pisando una alfombra roja que había en dirección al restaurante, una vez dentro el metre le recibió y le acompañó a su mesa, pidió un buen vino y el menú degustación que un amigo le había recomendado, comió muy a gusto  y el servicio fue buenísimo, se retiró y subió a una suite que había reservado, donde aprovechó para descansar un rato, y se durmió.
Despertó al rato y se dio cuenta que no estaba en aquella suite, estaba solo tumbado en una vieja tumbona de un hotel de Hospitalet, tenía frío, el sol ya no le daba por unos grandes ventanales y a la sombra bajó la temperatura, tenía las manos sucias y llenas de yeso y de fibra de vidrio de pasar tubos por las paredes de pladur y recordó haber comido tres trozos de algo rebozado con un yogur, tenía los brazos dormidos por la mala postura, miro la hora, aún le faltaban veinte minutos para volver al trabajo, decidió escribir alguna gilipollez.