sábado, 27 de agosto de 2011

cuaderno de bitacora 2011- DIA 6


Durante el día a veces me viene a la cabeza de que voy a escribir en el blog, que es lo que me ha pasado durante el día que pueda resultar interesante, o simplemente algo que con un poco de imaginación le pueda sacar punta e intentar convertirlo en algo interesante, a veces lo consigo y otras veces no, pero también ahí días que con solo unas horas se de sobras que es lo que quiero contar solo me falta decidir como contarlo, y después de mucho pensar decidí contarlo así.
hace muchos muchos años en la España profunda, una España sacudida por una guerra civil y en plena posguerra, los hombres salían por las mañanas muy pronto de sus casas, el sol todavía no había salido, y la única luz que les iluminaba era la de la luna, eso solo los días que habían luna llena, en algunas casas tenían un viejo candil que les servia para poder ver esos días que la luna era pequeña o simplemente no estaba, ponían las alforjas a las mulas o a los borricos y salían a las montañas en busca de espliego, en aquellos años solo se vivía de la siega, pero los meses que no había siega se ganaban la vida llevando espliego a unas calderas que montaban al lado del río, los caminos eran escarpados y muchas veces los animales se rompían las pezuñas o las patas y en el peor de los casos caían por los barrancos, perdiendo así un animal que era una herramienta de trabajo en aquellos años, y toda la carga, era una verdadera desgracia. subían a valdelatas, la olla del lobo, el servaron, y mucho trabajaban de sol a sol, esas montañas son testigo de muchas calamidades que tuvieron que pasar esa generación de nuestros abuelos que perdieron una guerra, los años fueron pasando, y poco a poco la vida fue haciendo el camino de estos hombres un poco mas fácil, unos consiguieron unos pequeño trozos de tierra, para poder sembrar algo para poder comer, otros decidieron emigrar buscando una vida distinta, no sabían si mejor, pero si distinta, los tractores, las cosechadoras, y muchas maquinaria que les facilitaba los trabajos del campo, se arreglaron los caminos para poder pasar con mas facilidad, y los años seguían pasando, y cada vez los hombres pasaban menos por esos caminos, las montañas seguían ahí sabiendo lo que ellas solo sabían, nunca se lo quisieron contar a nadie, y los años seguían pasando y ya nadie pasaba por esas montañas y se sentían solas y olvidadas, las montañas empezaban a pensar que nadie mas pasaría nunca por ellas, y que se iban a quedar con tantos recuerdos sin poder compartir con nadie, hasta que un día frío de agosto vieron llegar a un hombre que venia en dirección a ellas y si este buen hombre las subió en bici y ellas decidieron que le iban a contar todo lo que sabían, y ese hombre mientras pedaleaba sin saber porque, empezó a pensar en esos otros hombres que habían dejado sus vidas en esas montañas y sintió la necesidad de contarlo, y siempre supo que esa no era su historia, era la de esos hombres contada por las montañas.
Hoy hice mas cosas, y algunas las tenia que haber contado pero esto se lo debía a mis montañas.

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