sábado, 13 de agosto de 2011

lagrimas de barro

la culpa no es mía, es de esta vida cabrona que hace que los años nos hagan cada vez mas viejo, pero mi cabeza no se acaba de enterar de nada, esta empanada no se da cuenta de que ya uno no esta para según que cosas y es posible que sea un irresponsable, o es posible que uno no quiera darse cuenta de que los años no pasan en valde, de que ya no tiene 18 años y que su vida ya no es la que era, pero aunque a veces el espejo me recuerda como soy, o mejor dicho quien soy, uno no quiere darse cuenta, y que se puede hacer ante eso, creo que nada, se pueden cumplir años y que, uno es como es, es padre cuando hace falta, marido cuando hace falta, hijo cuando hace falta, pero dentro de todo eso esta el caballo desbocado, con las riendas bien atadas, nudo que a hecho uno mismo, y que solo desata cuando el quiere o puede, se que las mujeres ese tema lo lleváis mejor, o quizás la yeguas no tengan tanta fuerza, y el nudo no hace falta que sea tan fuerte, o es posible que las yeguas también tengan ese instinto que solo las hembras pueden tener, a los machos de todas las especies nos resulta un esfuerzo conseguir tener ese instinto, de echo no lo tenemos, y lo compensamos con esfuerzo, y en mucho casos nos lo auto imponemos, es lo lógico, es lo que toca y es lo que queremos en muchos casos, pero el caballo no lo entiende así y sigue estirando de las riendas, y cada día estira mas y mas, y de vez en cuando se suelta, en forma de concierto, o en forma de cerveza o de una simple noche de fiesta, entonces el caballo se calma y se vuelve un poco mas manso y de nuevo se deja atar, y así esta unos meses, hasta sin saber porque, empieza a tirar de las riendas, y cuando el caballo tira demasiado solo nos puede ayudar la fuerza que nos da esas pequeñas, nos dan el aire para respirar cada día, nos dan un motivo para seguir adelante, nos dan el motivo para no desatar mas a menudo las riendas de los caballos, pero cuando no soy capaz de ver todos esos motivos, te necesito a ti, para que me arropes en los días de frió, para que me acunes cuando tenga sueño, para que me acaricies cuando me sienta solo, para empujar juntos este carro, carro demasiado pesado para mi solo, demasiado barro en las ruedas, barro que se a echo con las lágrimas de los que lloran en silencio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario