una mesa azul descolorida por los años la usaba para colocar el cenicero cerca, y al lado de el, un paquete de tabaco y el mechero, antes de apoyar la cabeza en el reposabrazos se quitaba la coleta, algunas veces se dormía en el sofá y la coleta le resultaba molesta, se retiraba el pelo de la cara, cada día con el rabillo del ojo veía que las canas se iban apoderando de su melena negra que tuvo años atrás, y el silencio se instalaba en su casa, y poco a poco notaba que el sueño le iba ganando la partida, quizás esa noche volvería a soñar con el, eso era lo único que le quedaba de el, se fue hacia demasiado tiempo, pero seguía recordando su cara, no todos los días soñaba, y no siempre soñaba con lo que quería, la de la cicatriz en forma de soldadura alrededor del brazo muchas noches la visitaba en sueños, y con ella un hombre que le recordaba a sancho panza, y esa niña corriendo con su padre huyendo de ellos cerraban una y otra vez esa puerta, el portazo siempre la despertaba sobresaltada, cogía un cigarro y con la mano temblorosa y se lo encendía, poco quedaba ya para apagarse por ese día, colocaba las zapatillas como de costumbre en los pies de la cama y se tendia, y allí, a lo lejos veía el final de la cama, cada día le parecía mas grande, todos los días pensaba que tenia que comprarse una mas pequeña, al apagar las luces la habitación quedaba ligeramente iluminada por un viejo despertador, y la poca luz que entraba de las farolas de la calle, mejor así, no le gustaba la oscuridad, mañana sera otro día, se decia, a ver que tal va mañana? los días para ella eran una incógnita, las noches sin embargo, todas empezaban acurrucándose lentamente en el sofá.
Como siempre amigo... Muy entrañable...
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