Esta historia no es mas que fruto de un pobre loco, que estando de vacaciones se fue a correr por tierras alcarreñas, y como a parte de loco también es un poco despistado, se dejo los auriculares en casa, y mientras corría no tenia otra cosa que hacer que pensar, y el pensó esto.
Aisha era una niña árabe, corría el año 1590, en su pueblo, una pequeña vila de la alcarria conquense la vida era muy difícil, los tiempos en que los moriscos eran aceptados, ya había pasado y nadie los quería para trabajar sus tierras y mucho menos dormir bajo el mismo techo.
Su padre se llamaba mohamed un hombre fuerte y trabajador, esa condición le proporciono un trabajo en unas tierras, pero con la condición de que se buscara su propia casa, harto de buscar casas y encontrar solo negativas, decidieron irse a la montaña, el lugar estaba rodeado por unas preciosas montañas de piedras enormes, en una ladera con cañas y ramas secas se hicieron su casa, no era gran cosa, con mas tiempo,de cara al invierno, con un poco de barro le daría a techo y paredes para resguardarse del frío.
Su hija Aisha tenia muchos amigos, los niños no entienden de esas cosas de mayores, pero todos tenían prohibido verla, todos estaban enamorados de ella, y a pesar de eso todos se olvidaron de ella rápidamente, todos menos Arturo.
Arturo tenia un corazón salvaje, y un corazón salvaje no entiende de prohibiciones, y fueron pasando los años y aisha se convirtió en una mujer hermosa, ese juego al principio de niños fue avanzando a pasos agigantados, siempre a escondidas, todas las tardes ella espera su señal, se escondía en la montaña hasta que Arturo tiraba una piedra en una pequeña endidura en la roca de la montaña, el eco de la piedra al chocar en la endidura era la señal, y así durante varios años, una tarde tras otra, sentados en la orilla del rió.
En una de esas tardes vieron a Arturo y Aisha, la noticia no tarde en llegar a oídos de todos los del lugar, el padre de Aisha se quedo sin trabajo y aunque siguió buscando trabajo por otras casas, nadie le daba, sin nada que echarse a la boca, tuvieron que partir.
Arturo seguía yendo cada tarde a esa endidura, y tiraba una piedra del camino, esperando que algún día Aisha volvería a salir de entre las montañas, pero eso nunca sucedió.
Hasta su ultimo día Arturo siguió tirando esa piedra, aun sabiendo que jamas aparecería, el lo seguía deseando, a final todo se convirtió en eso, un deseo.
A día de hoy todo caminante que pasa por ese camino, coge una piedra y al pasar por la endidura la tira dentro y pide un deseo, sabiendo que jamas se le va a cumplir, en esta vida todos tenemos deseos, deseos de esos que sabemos que nunca se cumpliran y creo que es mejor así.
miércoles, 11 de septiembre de 2013
la piedra de la mora
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